KIKE, IMPARABLE

 KIKE, IMPARABLE

Fortaleza física y mental, y una inmensa humildad, hacen de él un personaje excepcional. Su historia es inspiración.

Uno podría decir que la vida de Jhon Fredy Aguirre Hoyos -Kike como le dicen de cariño-, se partió en dos desde hace poco más de un año, cuando conoció el crossfit. La forma en que hoy se ve físicamente y su actitud frente al mundo, son muestra de que el deporte sí cambia vidas.
“Yo era una persona muy tímida y el gimnasio logró revertir eso en una gran mayoría. Cuando los nuevos llegan trato de acercarme a ellos, decirles que el gimnasio es una nota, contarles la experiencia de la primera semana, que no crean que son ellos los únicos que vienen y les da duro”, cuenta.
Los cambios y los avances en la vida de Kike no terminan ahí, lo que para él hace un tiempo era impensable, ahora es posible y hasta más. Cada día es un reto y una confirmación de que los límites solo están en la mente.
Hace 22 años, estando en el ejército un artefacto explosivo estalló en su mano derecha y tal vez por las secuelas del accidente o quizá porque no lo había contemplado como alternativa, ir a un gimnasio no aparecía entre sus planes, solo el fútbol y el atletismo estaban en su baraja.

“La limitación está en la mente. Si en la cabeza dice que no es capaz nunca va a ser posible, si se toma más relajadamente y piensa que se puede, así sea una idea muy loca, de verdad que se puede”.

A MDE Origen Crossfit, el box donde entrena desde hace ya un par de años llegó por casualidad. Su esposa a la que muy amorosamente se refiere como el pilar de su vida mía, tuvo algo que ver en esa decisión. “Mi esposa pasó, preguntó, le gustó y se metió. Un día vine a verla entrenar y no me chocó la idea de entrar al gimnasio. Le pregunté a los coach si me aceptaban en el gimnasio y no lo dudaron, incluso, uno de ellos me dijo que tenía mil posibilidades de adaptarme a los ejercicios, y muy feliz entré”.

DEL KETTLEBELL A LA BARRA

Pocos días fueron necesarios para que tomara confianza en sí mismo y pusiera a prueba sus capacidades. Kike comenzó haciendo movimientos con el kettlebell y fue a los dos meses siguientes cuando se sintió tan seguro de lo que podía hacer, que las barras se convirtieron en sus aliadas, “nunca hubiera pensado hacer un peso muerto de 365 libras y acá estoy, sabiendo que se puede porque un día traté de subirle un poco al reto y lo logré. De ahí para acá todo ha sido evolución con los pesos, voy muy bien. A pesar de la limitación que pueda tener el cuerpo, en mi mente no existe ninguna, todo lo hago charlando, intentando a ver qué pasa y resulta que sí pasa. Gracias a Dios para mí estos meses han sido felicidad total”.
En competencia Kike es uno como cualquier otro, no hay lugar para lástima ni consideraciones, sin duda él es una figura para mostrar, una inspiración de vida y un ejemplo a seguir. “Mi meta personal es que muchos como yo se den cuenta que existe un mundo donde podemos entrar y nos pueden valorar como los competidores que podemos llegar a ser”.

“Llegué al box con muchas ganas de recibir todo lo que me quisieran enseñar. Nunca he tenido miedo o pena. Trato de hacer bien lo que puedo y gracias a Dios he podido avanzar bastante”

Instagram: @jhonaguirre77128

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